Siempre me ha cautivado la capacidad que tiene la joyería para contener, en sí misma, un significado emocional, convirtiendo a la pieza más en un amuleto casi sagrado, que en un simple objeto decorativo. Por todo esto, para mí, este tipo de piezas realizadas para albergar cenizas, son sumamente especiales, casi mágicas. Una especie de alquimia capaz de convertir a los materiales en algo superior, transformándolos en recuerdo y en amor infinito.