No os imagináis la maravillosa historia hay detrás de estos pendientes…

Érase dos vecinas puerta con puerta que se convirtieron en las mejores amigas. Casi hermanas, diría yo. Sus hijas se criaron juntas, y la más pequeña de una de ellas, iba loca por colarse en la casa vecina, o ir al colegio acompañada por la otra benjamina, que era un poquito mayor. La «Nuri petita». Así era como me llamaban, y aún me conocen por ese mote en su familia. Anna, la «clienta» que me pidió los pendientes, era la otra pequeña. Ambas compartimos maravillosos recuerdos de infancia muy vinculados a Calella de Palafrugell. Así que cuando empecé a hacer las piezas con granitos de arena de allí, ella me pidió unos. Pero de repente se acordó de un arbolito de piedras que su madre, que desgraciadamente nos dejó hace unos años, había hecho en un taller de manualidades. Lo comenté con mi madre y me explicó que ella también tenía un arbolito similar, porque ambas lo habían hecho juntas en esas clases. Y Anna me pidió que sus pendientes llevaran una piedra de cada uno de esos árboles. Una piedrecita de su madre, y una piedrecita de la mía. Las dos juntas, formando unos pendientes. UAU. Cuesta explicar con palabras lo especial que fue para mí realizar estas piezas. Os podéis hacer una idea, verdad?

Gracias Anna por contar conmigo para hacer una de las cosas que más me gusta: crear piezas con gran contenido emocional, con una historia preciosa detrás de ellas ❤️