Cada pedido que realizo tiene su historia, y por un motivo u otro, es especial. Pero hay algunos que se llevan la palma. Conozco a Carmen Pérez-Pozo gracias a Fidem (la Fundació Internacional de la Dona Emprenedora), de la cual somos ambas socias. Mi entrada con ella fue bastante torpe y estrepitosa. No, no me caí de bruces delante de ella. Al menos no literalmente. Pero casi. La confundí con otra persona a la que hacía mucho que no veía, y de una mesa a otra en una cena-conferencia, le hice aspavientos varios mostrando mi sorpresa y alegría por encontrarla ahí. Cuando después de la cena me acerqué a ella, quería fundirme con el suelo al ser consciente de mi confusión.

La siguiente vez que nos vimos, en la entrega de los premios Fidem, la lié aún más gorda, confundiendo a una amiga que la acompañaba, con su hija. Toma ya. Ahí sí creí morir de rubor extremo. No una, sino dos entradas triunfales. Y aún así, Carmen no tuvo inconveniente en hablarme con simpatía, y sin lanzarme objetos punzantes. Seguimos coincidiendo en eventos, a partir de ahí ya con la sonrisa que te proporciona la indulgencia de alguien ante quien has quedado como una imbécil en serie.

Perdonad este extenso prólogo, pero he creído que ponía en contexto la particularidad que acompaña todo el pedido en sí. Después de que Carmen me comentase en varios miles de ocasiones (bueno, quizá un par o tres) que estaría bien que le hiciera algo con el logotipo de su bufete, realicé unos prototipos con todo mi amor y fui a visitarla. Era 28 de febrero. Le encantaron. Así que me volví para mi estudio más feliz que una perdiz, con mi reluciente pedido bajo el brazo. Quedamos en entregarlo la primera semana de abril. Chupado. Sólo había el pequeño detalle, más que inconveniente, de que me operaban la hipermetropía y el astigmatismo de ambos ojos. Así que me organicé muy bien la agenda para tenerlo todo calculado. Qué maravilloso eso de hacer planes… Siempre y cuando no haya un pandemia mundial.

No os voy aburrir con las peculiaridades de mi vida, de mi operación de ojos en pleno estado de alarma y demás minucias. ¡Ser autónomo es francamente emocionante! El caso es que, aunque un mes más tarde de lo previsto, el pedido del Bufete Pérez-Pozo fue entregado. Casi hasta me dio pena despedirme de esas piezas que habían pasado la cuarentena conmigo, que me habían visto cieguita. Que me decían desde su cajita “¿Tú estás segura de que nos van a querer?”. Y sí. Las quisieron. A pesar de las  circunstancias. Así que este pedido ha sido para mí como esa boya a la que agarrarte cuando hay agua por todas partes y no tienes claro cómo vas a salir de ésa. Qué maja, Carmen. Y qué poco rencorosa.

Después de toda esta explicación, os enseñaré las piezas en cuestión. Y muchos vais a ver sólo unos colgantes y unos gemelos de vidrio pintado, con inclusiones de pan de plata, o de mica plateada, montadas en acero… Pero esas piezas son MUCHO más.

Ah, os dejo también el enlace a un vídeo de cómo las hice. Porque como el cámara y el editor estuvieron confinados conmigo, no tuvieron más remedio que trabajar para mí.